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Ya se ha hablado suficiente de la visita de Yelle a Santiago. Se ha discutido su look, su energía en el escenario, su adorable acento francés y el increíble show que montó en Kubix. Pero, poco se ha dicho de Julie Budet, la joven francesa detrás del fenómeno. Acá, una pequeña crónica del lado B de una de las visitas más memorables del año.
Sábado 27
12:50 horas. Aterriza el vuelo que trae a Julie desde Buenos Aires a Santiago. De la melena y los leggins brillantes no hay todavía indicios. Desde el segundo piso la identificamos por sus blancas reebok. Al salir de aduana, más que con una diva, nos encontramos con una pequeña y delgada joven de cola de caballo y ojeras. Ha dormido solo tres horas y su cara la delata. En cambio, sus acompañantes (TEPR el DJ, Grand Marnier el baterista, Olivier el sonidista, Yoann el camarógrafo y Julien el encargado de las luces) hablan fuerte y ríen con ganas. Ella, en una voz a decíbeles luz de la que escucharíamos más tarde, sólo dice que no pensó jamás que la Cordillera sería tan grande y entra silenciosamente a la van.
14:30 horas. Minutos antes de la prueba de sonido, TEPR se pasea con una lata de coca cola por kubix. Felicita a la organización por las luces y dice que tiene más expectativas que para Buenos Aires. Habla como si nada de su tour por Japón con Santogold, de los remixes que ha hecho para The Teenagers y la nueva movida musical francesa. Con la misma naturalidad, confiesa que odia Paris y las grandes ciudades, que no cambia su natal Bretaña por nada y que ni en los sueños más alocados que tuvo en la campiña francesa, se imaginó visitar Chile. Julie sale al escenario. Todavía no hay melena, pero ya hay voz. Dans Ta Vraie Vie comienza a sonar y por un segundo, todos los que estaban en kubix miran hacia el escenario. Se nos van los pies. Ella reclama que no tiene retorno. Nosotros, no nos habíamos dado ni cuenta.
21:15 horas. Sentados en un salón del Geraldine, los franceses están en la cuenta regresiva para el show. Disfrutando de camarones, pastas y risottos los seis alaban el vino chileno y no se atreven a probar el pisco sour. Julie confiesa en la esquina de un sillón amarillo que sólo toma vino y no tragos fuertes. Que le gusta todo el bloghouse y los remixes que suenan en la escena actualmente, pero que el disco que la tiene verdaderamente conquistada es A Mouthful, de The Do. Al igual que TEPR, dice que detesta Paris y que acaba de comprarse una casa en Bretaña. Muy cerca de su padre. El mismo que le manda mails todos los días. Posa la copa de vino a medias y pide un té de menta. En cosa de horas tiene que subirse al escenario.
24:oo horas. Yelle sale al escenario. Ya hay melena, vestido de lentejuelas y luces estroboscópicas. La tierna francesa fanática de The Do parece haber quedado en el camarín. En cambio, tenemos su glamoroso alterego, que canta de amor, sexo, vibradores y relaciones lésbicas. Todo, mientras salta, grita, anima al público y hace la mejor air guitar. Todo es fluor en kubix. Nadie se queda tranquilo, pero de Julie, ni rastro.
Domingo 28.
14:30 horas. Al día siguiente, en el Cerro San Cristóbal nos encontramos con Julie de nuevo. Silenciosa y dulce tal como la recordábamos. Dice que durmió hasta el mediodía y que no alcanzó a desayunar. Escondida tras unos enormes lentes de sol, agarra un choripan a la primera vuelta y se lo devora.

Sólo tres copas de vino más tarde, finalmente hacemos la pregunta que nos ha rondado todo el día. ¿Cómo una chica tan silenciosa y delgada hace un show tan deslumbrante como el que vimos anoche? La respuesta es más que honesta. Julie nos cuenta que toda su vida tuvo dos facetas, la de la niña tímida y la de artista extrovertida. Que toda su vida había formado bandas, siguiendo la influencia de su padre músico, pero que nunca, hasta ahora, se había atrevido a ser la estrella. Fue Grand Marnier, su baterista y novio, el que la convenció. Se lo agradecerá eternamente, pues ella misma dice que sólo la música le permite ser la silenciosa Julie y la histriónica Yelle a la vez. Apenas termina, Julie baja la vista. El secreto ya ha sido revelado.
Con el sol ya en baja, y con aún más copas de vino en el cuerpo, decidimos mostrarle los Prisioneros a Julie. Partimos con Estrechez de Corazón. Julie levanta los brazos, mueve las reebok y canta fuerte con nosotros “ooooh, tu cogazon”. Sonríe con ganas. Después, Tren al Sur y como si nada, llega Yelle. Baila y salta entre las flores. Mueve la melena y las caderas. Es contagiosa. Todos nos unimos y vemos a Yoann siguiéndonos con la cámara. Al parecer estamos protagonizando una escena para el documental. No lo sabemos y no nos importa. Con o sin cámaras, hemos vivido 36 horas de película. Con Julie y Yelle, revueltas en esos delicados huesos franceses.
Yelle en Vivo, Santiago de Chile Sábado 27 de Septiembre
Yelle en Vivo, Santiago de Chile Sábado 27 de Septiembre