El 2020 no da tregua. Como si no bastara despedirnos de medios, de música en vivo y básicamente de la vida como la conocíamos, este año también nos está dejando sin varias leyendas musicales. Hace pocos días recordábamos a Hamilton Bohannon y Mike Huckaby, y anteriormente ya hemos tenido que lamentar la partida de otros personajes clave como Andy Gill, Bill Withers o Cristina.

Toda pérdida con un gran legado duele, es cierto, pero duele un poco más cuando quien se va seguía activamente regalando música a la altura de ese legado. Y ese era el caso de Tony Allen, el legendario baterista y fundador del afrobeat, quien murió el pasado 30 de abril en su residencia en París. Tenía 79 años.

Cualquier lista con los mejores y más importantes bateristas de todos los tiempos que no tuviera al nigeriano en la pelea por el cetro, está incompleta. No sólo por su habilidad, sino por cómo cambió de manera irreversible la música que vino después suyo.

Como director de la banda de Fela Kuti, en el período clave entre fines de los ’60 y fines de los ’70, juntos crearon esa fusión perfecta entre jazz, funk y música africana que se conoció como afrobeat. En una década en que la mescolanza musical se desató más que nunca, lo que generó en la cultura pop no tuvo vuelta atrás.

Luego de ese fértil período, a mediados de los ’80 emigró de Lagos para vivir en Londres y luego París, donde pudo trabajar con distintas figuras del mundo occidental (Air, Grace Jones, Charlotte Gainsbourg, Sébastien Tellier y, más recientemente, Jeff Mills) y también otros colegas africanos expatriados, como Manu Dibango, Ray Lema y Hugh Masekela, con quien firmó su último lanzamiento en vida, el excelente Rejoice.

Aunque quizás la asociación más permanente y fructífera reciente la tuvo con Damon Albarn, quien ya en el año 2000 le declaró su amor en el hit “Music Is My Radar”, del último disco de Blur antes de su separación, en el que repite varias veces “Tony Allen got me dancing”.

Después de que Allen devolvió el favor invitando al inglés a participar de un disco suyo, junto al ex Clash Paul Simonon y el ex Verve Simon Tong formaron la superbanda The Good, the Bad & the Queen, alcanzando a lanzar dos discos juntos (el último en 2018) y girar por el mundo.

Además, Albarn lo invitó a participar en el colectivo de intercambio musical intercontinental Africa Express, que incluyó como ramificación al proyecto Rocket Moon and the Juice, que unió al inglés con Allen y el bajista Flea.

Una carrera sin paralelos, que lo tuvo como uno de los principales estandartes de la proliferación cultural africana en el mundo, y que dejó su talento esparcido en los más diversos géneros posibles por más 50 años. Una despedida que queremos resumir en estas canciones que dan cuenta de ese incalculable aporte: