tahiti550

A pesar de que hoy se cumple una semana del show que los franceses Tahiti 80 ofrecieron en nuestro país, teníamos pendiente dar una revisión de lo que dejó su paso por Chile. Lo que sí, en esta ocasión me permitiré una licencia: hablando con el Mono, decidimos hacer algo alejado de los “cánones” de la “crítica-especializada-de-música”. Aprovechando la oportunidad que tuvimos de compartir con los galos durante su visita, a continuación les ofrecemos una visión desde adentro. Señores, esto es el verdadero Nuevo Periodismo (?).

Para ser sincero, no sabía bien qué esperar de una visita como ésta. Me sorprendió la gran recepción que tuvo un grupo que, a mi entender, no tenía por dónde tener una fanaticada capaz de llenar un Amanda. Eso primero. Lo segundo, y la mayor sorpresa de todas, fue la imagen que nos llevamos todos los que tuvimos la posibilidad de compartir con los franceses. El primer acercamiento que tuve fue el fin de semana antes, cuando le hice una entrevista telefónica a Xavier Boyer (el vocalista) para la Radio Horizonte, quien al otro lado del auricular mostraba una faceta muy conversadora (a pesar de la hora). Estaba muy entusiasmado con su visita a Chile y se mostró muy interesado en saber cosas de nuestra cultura antes de viajar.

Antes de seguir, me gustaría confesar que todo lo que sea interacción coloquial con “artistas” me pone bastante incómodo. Nunca sé qué preguntar, me molesta que la conversación sea siempre unidireccional, con cierto desdén y casi que con una actitud de “te estoy haciendo un favor, pobrecillo tercermundista”. Dar nombres está de más, pero ejemplos sobran. Por eso, me iba a limitar a hacer lo que tuviese que hacer por mi trabajo.

Ya el día antes del show, el grupo llegó a los estudios de la radio para grabar un show acústico. En algo que en un principio era improvisado, terminaron demostrando los años de oficio, logrando seis versiones de gran factura (entre las que estaba un clásico de las Ronettes, que también tocaron en el concierto).

La noche de ese día, compartimos un asado con más gente relacionada a la producción y ahí fue cuando vimos realmente de qué tipo de gente se trataba. Fascinados con el vino -cómo no- y muy abiertos a hablar con cualquiera que se le acercara. Me acuerdo en particular de haber tenido que llevar a Boyer a una botillería, a la que él mismo pidió ir, para comprar más vino y “conocer más de la cultura local”. Habló de fútbol, preguntó por los barrios, por la gente, etc. La noche terminó de fiesta y, a esas alturas, ya parecían otros chilenos más.

El concierto en sí fue más de lo que esperaba. En un minuto comentábamos que para hacer ese tipo de música -pop directo y sin pretensiones- había que tener huevos. Tahiti 80 los tiene. Tal vez no tengan la suerte de que su vocalista esté casado con una directora de cine (como sí la tuvo Phoenix, tal vez la banda de guitarras más grande de Francia hoy por hoy), pero por méritos musicales debiesen estar ahí.El show terminó, los músicos bajaron y terminaron de fiesta con todo el mundo. Sin chalecos antibalas, sin gorilas terneados. Sí con varios vasos en la mano. Dispuestos a conversar con cualquier persona que se acercara. Como gente común y corriente que son, aunque algunos de sus colegas juren que vienen de otro planeta.

Como bien deben haberse dado cuenta, esta suerte de crónica de lo que menos habla es de música. A una semana ya sería un poco tarde. Pero lo que sí, no podíamos perder la posibilidad de destacar -y en algo que nunca se hace, en un país que festina más cuando se trata de puntualizar lo malo, lo mediocre y lo “chaqueteable”- la calidad humana de personas que no pretender ser más que eso. Que no ven las giras sólo como trabajo y que en todo momento agradecen la suerte que tienen  de que se les pague por hacerlo. Y eso, aunque no lo crean, pasa tarde, mal y nunca.

Foto Por Sergio Recabarren