Cuando muchos aún no lográbamos recuperarnos del excelente concierto que los escoceses Belle & Sebastian dieron el domingo en ese mismo lugar, Phoenix nos tumbó en el suelo del Teatro Caupolicán con una mezcla perfecta entre actitud, oficio y potencia. NNM estuvo ahí y en el siguiente artículo te contamos qué nos pareció.

El sabor que quedó para muchos después de la presentación de Belle & Sebastian -al menos en el caso de quien escribe- fue de un sueño cumplido. Los escoceses estaban en ese selecto, pero esquivo, puñado de bandas que uno pensaba que sería muy difícil ver en vivo en Chile. Ya sea por cantidad de integrantes, costo y exigencias, el septeto se hizo de rogar casi 15 años para pisar suelo chileno por primera vez. Gracias a la pulcritud, elegancia y prolijidad -además de un carisma innegable- la sensación fue de emoción total.

El caso de Phoenix no dista mucho de lo que pasó el domingo, pero en este caso también se sumaba el carácter de revancha que se dio a su segunda visita. Revancha para todos aquéllos que no pudimos verlos en un evento acorde, y ni siquiera en el horario pactado. Sin embargo, los franceses apelaron a otros argumentos para producir la misma emoción y satisfacción que los escoceses.

Con 50 minutos de retraso, quizás debido a lo lento que se llenó el recinto de San Diego, el cuarteto francés se subió al escenario con un estruendo del público, acompañados de dos músicos que marcarían la diferencia. La entrada demoledora con “Lisztomania” nos recordó inmediatamente que aquí no estábamos ante una bandita de moda, sino a una de las pocas agrupaciones de los últimos años que se ha ganado su sitial de honor a punta de esfuerzo, trabajo constante y buenos discos.

El Phoenix que nos visitó esta vez dista mucho del grupo que vino a fines de 2007. Si bien los pocos que los vieron esa vez recuerdan que la presentación estuvo buena, el status de ganadores de Grammy y favoritos de mucha gente lo vinieron a estrenar por estos lados recién ahora.

Con un set evidentemente cargado al premiado Wolfgang Amadeus Phoenix (2009) -pero generoso en los éxitos de sus tres discos anteriores- los franceses se ganaron al público apelando a una fórmula muy difícil de lograr: hacer que tus canciones suenen con más actitud, potencia y efectividad que en los discos. Si debemos cometer la injusticia de elegir un artífice, las miradas se las robó el sueco Thomas Hedlund, baterista de the Perishers, quien los suele acompañar en sus giras. El pulso incesante -y una cuasi masacre a la batería- es un elemento que no está presente en los registros de estudio de Phoenix, pero que en vivo hacen que marque la diferencia y se gane en intensidad.

El éxito reciente, y aparentemente repentino, del grupo hace que a veces uno se olvide que estamos en presencia de artistas que llevan más de 10 años tocando juntos. Eso es lo que parecieran recordar cada vez que se plantan sobre un escenario. Sin demasiados aspavientos ni poses innecesarias, los franceses impactan en su directo y demuestran que no sólo tienen canciones pegajosas. Esto queda de manifiesto especialmente en los pasajes en que la afinadísima voz de Thomas Mars se deja a un lado para dar paso a viajes instrumentales, como la perfecta versión de “Love Like a Sunset” y el momento ELO de la noche, con “Funky Squaredance”.

Para el encore, Thomas Mars y el guitarrista Christian Mazzalai agradecen la ferviente devoción del público (del quien no vamos a hablar para no fomentar lo ajeno a lo musical) con una microsesión íntima que terminó con un regalo: un cover a “Playground Love”, de sus coterráneos y amigos Air. El único pero es que quizás hubiese sido mejor escuchar “Everything Is Everything” en su versión normal, pero dado que ésta no siempre se hace presente, se agradece igual.

Para el final, el teatro se viene abajo con una versión mucho más intensa de “If I Ever Feel Better” y una bastante extendida de “1901”, en la que Mars se da el lujo de nadar varios metros en el público, para volver con bastante esfuerzo. Después de intensos 85 minutos de presentación, Phoenix demostró por qué son considerados como una de las mejores bandas de pop que hay allá afuera. Y una que, tal como dijimos en nuestro recuento de discos del año pasado, merece la categoría en la que está gracias a su esfuerzo, constancia, simpleza y humildad. En ese sentido, pocas revanchas han sabido tan dulces como ésta, instalando a éste como uno de los mejores conciertos del año.

Foto por FUFI!