El término placer culpable está, lamentablemente, inmerso en nuestro vocabulario. Aunque muchas veces la educación que recibimos lo intenta, las palabras placer y culpa no deberían convivir en una misma expresión. Su concepto lo remplazaría por algo como gusto que genera vergüenza.

Seguramente muchos han experimentado esa sensación alguna vez en su vida, sobre todo con los gustos musicales. A mí me pasó alguna que otra vez con la primera banda de la que fui fanático: Oasis. Pero ese sentimiento fue totalmente superado por la alegría durante la noche del 5 de mayo en el Arena Santiago.

Mientras los escuchaba y veía en vivo por cuarta vez, muchos recuerdos me invadieron. Era como una especie de ¿Quieres ser John Malkovich? pero conmigo mismo. Recordé escuchar Supersonic por primera vez a los 13 años sentado en una banca del colegio, tomar el subte (metro) para buscar sus singles en una tienda especializada llamada “El Oasis” y muchos recuerdos más.

Y esos momentos , tantos los del pasado como los del presente, me tatuaban una sonrisa imborrable en la cara. Significativamente más tranquilo que en el Luna Park del ´98, disfrutaba de un gran concierto de rock. La alegría era mayor cuando veía por primera vez en vivo algunas de mis canciones preferidas como Morning Glory, Slide away y The Meaning of Soul. Lo mismo con clásicos que eternamente me acelerarán el pulso (Cigarettes and Alcohol, Supersonic) o con el inigualable final con I am The Walrus.

Ya no tengo 13 años, ya no me creo que son la mejor banda del mundo, ya no escucho sus discos con continuidad, hace mucho tiempo que me di cuenta de las limitaciones musicales de los hermanos Gallagher, pero la música es también sentimiento y muy difícilmente se apague la pasión por mi primer banda de rock.

Si tienes valor, comenta cuáles son tus placeres culpables, perdón tus gustos musicales que te generan vergüenza.