Passion Pit
Gossamer
Columbia
Fecha de lanzamiento: 20 de julio
Desde que Internet se convirtió en una fuerza avasalladora en el mercado musical actual, los principales beneficiados fueron aquéllos que lograban posicionar un par de canciones con fuerza. Paradójicamente, ellos mismos se han convertido en los que más han sufrido cuando tienen que cumplir las expectativas que eso conlleva. Por un lado, los difíciles segundos discos tienen el beneficio de un mayor presupuesto, lo que se traduce en posibilidades que resultaban imposibles en los inicios de su carrera. Pero, por otro lado, un peso sobre sus hombres casi insoportable de llevar.
En el caso particular de Passion Pit, el náufrago fue Michael Angelakos, quien pasó de ser un compositor amateur cuyas canciones sonaban apenas en su campus de universidad a uno de los paladines del nuevo pop alternativo. Por eso no extrañó que padeciera serios problemas mentales, resultando en la cancelación de varias fechas de la gira de los de Massachusetts. En la creación misma de Gossamer, eso sí, Angelakos dispuso de un arsenal casi pornográfico de equipamiento, pero eso no siempre se ha traducido en buenos resultados.
¿Qué hizo con ellos? Se arriesgó a no repetir la fórmula. Por eso, los que se acercaron gracias a hits como “The Reeling” o “Little Secrets” difícilmente saldrán satisfechos, en especial después de la primera escucha. Lo peligroso es que, en los tiempos llevados por Internet, descartar un trabajo de meses tras una sola pasada -que, a veces, ni siquiera se hace llegando al final del mismo- se ha convertido casi en deporte de los “melómanos” actuales. A todos ellos, el mensaje es claro: escuchen Gossamer con detención. Escúchenlo varias veces. Escúchenlo bien. En él encontrarán no sólo a una banda que se atrevió a crecer con un resultado satisfactorio, ampliando su gama sonora más allá de lo imaginable después de Manners, sino también un documento brillante de cómo una persona trata de lidiar con el éxito y lo complicado que esto puede resultar. Qué importa que no haya otra “Sleepyhead”; a la larga, osadías como “Where We Belong”, “I’ll Be Alright” o “Constant Conversations” demuestran que el camino largo puede ser mejor para llegar a una meta a la que no todos llegan por estos días: primero, sobrevivir. Luego, quién sabe, trascender. Gossamer asegura lo primero, y ciertamente los acerca un paso más a lo segundo.