A las personas de cierta edad todavía nos atrae la narrativa de un disco. Creemos que el orden de los tracks es la historia que el artista nos quiere contar. Que la selección es una estrategia para reflejar las emociones que el disco quiere transmitir. Hay un motivo y una razón.

Todavía existen quienes pensamos así. Puede ser triste. Quizás somos unos dinosaurios. ¿Tendremos algo que decir sobre el futuro de la música?

Por eso nos resulta tan estimulante encontrar EPs como el último lanzamiento de SMOK. Brain Damage, publicado por Modismo, transpira una sensación de movimiento. De ir con un propósito hacia un lugar, como si fuese un tren interurbano. Pese a ser un disco breve, construye un ambiente narrativo particular, el cual alcanza su punto más alto en “Virus on My Computer”. Los tracks nos transportan hacia ese lugar, dejándonos con una acelerada sensación de evasión y satisfacción.

El productor viñamarino, que proviene de la escena del metal y post-hardcore de la ciudad, afirma que se inspiró en el caos y la desesperación ante lo que él califica como “una sociedad dañada a más no poder”, y las sensaciones de soledad y ansiedad que produce.

La estructura sonora está encapsulada en arpegios y secuencias que quieren reflejar una libertad contenida, de energía que quiere escapar y no puede. Su formación como baterista se plasma en un ritmo acelerado y punzante, que refuerza esta idea de sumisión. “Una combinación para salir de este mundo”, dice SMOK, ofreciéndonos un destino al que llegar.

En el texto que presenta el EP, Kamila Govorčin comenta que el trabajo de SMOK la traslada a la década de los ’90, en la senda de artistas como Underground Resistance y Drexciya. Brain Damage es un homenaje tanto a las influencias de SMOK como a una manera de pensar la música que, por penoso que sea, está en retirada, pero que a algunos todavía nos da gusto encontrar.

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