Forum es un teatro dedicado a los conciertos. Alfombras rojas, estatuas de emperadores romanos, dos barras a los lados del escenario, todo cubierto por una cúpula iluminada y pintada de azul que nos hizo sentir en un parque cualquiera.
La primera banda que tocó esa noche fue Cassette Kids, con guitarras tipo garage y una rubia que gritaba sin pudor frente a las quince personas que habíamos llegado a esa hora. Vienen de Sydney, aunque su música probablemente se originó de haber escuchado muchas veces Y-Control. Ahí están www.myspace.com/cassettekids
Después esperamos a Plug In City, la supuesta nueva joya melbouriana de Modular Records. Una mezcla entre Doves y un The Rapture muy tranquilo, que nunca estalla pero que está bien. Véanlos en www.myspace.com/plugincity

Y cuando el lugar se iba llenando, cuando las cervezas estaban tomadas, cuando todos queríamos empezar a bailar, aparecieron los djs estrella de la noche: Riot In Belgium (Bennie Single, de Sydney, y Joel Dickson, de Melbourne). Al escuchar As Above, So Below (Justice Remix) de Klaxons pensé que ya no había vuelta atrás, que la fiesta había comenzado y que nadie iba a parar de saltar durante toda la noche. La verdad es que ellos estaban más interesados en ir a jalar al camarín que en poner música. Dos cd players, un mixer, ningún vinilo, sólo discos grabados en nero y dos adolescentes con serios problemas de drogas y nada más que aportar. Mezclaron técnicamente bien, nada del otro mundo, pero sobre todo no le entregaron nada de energía a un público muy fácil de llegar.
Como la motivación seguía intacta, nos paramos en primera fila, pegados a la reja. Se apagan las luces, oscuridad total, entra la banda y se prenden cuatro banderas plateadas con cuatro letras inscritas en ellas: NYPC.
Abren con Get Lucky, la primera del disco, la canción con que tenían que partir. Tahita Bulmer, la vocalista de los ponys, está feliz, abre la boca y podemos escuchar ese tono medio hablado-medio cantado, ese mismo tono que escuchamos en el estudio. Lo que no podemos apreciar en el disco es el desplante que tiene frente al escenario, saltando y bailando con un ritmo impecable, una descarga de energía que poco a poco fue ganándose al público australiano. Porque como fieles fanáticos chilenos, fuimos los únicos que coreamos y cantamos las primeras canciones, iniciamos gritos y aplausos en un público pasivo aunque concentrado. Al final, el poder bailable de la banda (ese que te hace mover las piernas cuando lo escuchas en tu casa) fue mayor, los australianos nos hicieron la pelea, con sus saltos y sus coros en Ice Cream y The Bomb, con una entrega que nunca imaginaron transmitir.
Ver a una banda nueva en vivo, sólo con un primer disco editado, sin saber cómo seguirá su carrera, puede ser un riesgo. En el caso de New Young Pony Club, fue un acierto. Además de observar algo de vanguardia musical, con un sonido perfecto, nos enamoramos de Sarah Jones (batera) y sobre todo de Lou Hayter (teclado). Nos hicieron sentir de quince años, escuchando nuestras primeras canciones, nos hicieron sentir bien, sin temor a equivocarnos.
Sebastián Del Campo