Al igual que Daisytown, Annie, Datarock, Washington, Erlend Oye y Kings of Convenience, New Violators son noruegos y pueden distinguir muchas tonalidades de blanco. Hasta ahí las similitudes.
A partir de ahí, el grupo originario de Trondheim (la tercera ciudad después de Oslo y Bergen), comandado por Per Borten y su jopo rubio, es una mezcla bizarra producto del revival del new wave y el pop y la estética de los ’80. Por momentos te hace recordar a Joy Division, New Order e Interpol, con influencias de Echo and the Bunnymen y el Bowie de 1983 (Ziggy Stardust y Let’s Dance) y la voz de Morrissey, pero -insisto- veinte años atrás, hoy.
Como ya ha ocurrido antes, han sido criticados por su forma de vestir y actuar en el escenario antes que por su música:
“esos pantalones que llevan son tan apretados que uno puede reconocer hasta la forma del pelo más escondido en sus traseros”, “muy chicos como para entender”, o “su comportamiento es lascivo, sexual, y depredador… pero les falta foreplay” son los palos que han recibido.
Ante estas críticas, Borten respondió la semana pasada que “muchos de los críticos de música noruegos se dedican a hablar de la vestimenta en lugar de hacer una crítica musical decente”. Per, pasa en todos lados.
Borten escribe y compone toda las canciones de New Violators, una banda que todavía no ha sacado ningún disco y que tiene cuatro canciones dando vuelta por internet, pero seguramente seguirá dando que hablar de alguna u otra forma. Al final, la moda -y la música, y todo- es un poco cíclica.
Escucha Burma, que además me recuerda a The Organ y Editors; la canción se llama así en honor a Mission Of Burma (banda post-punk de comienzos de los ’80).
También puedes escuchar Runaway y el demo de Angelina.
Puedes llegar al myspace de la banda por aquí.
T.