Dicen los compiladores que a veces sólo sirven para acumular, que en 1986 un suizo llamado Patrick Fitzgerald formó en Londres una banda llamada kitchens of distinction.
Dicen cuando se cansan de compilar, que en 1987 “last gasp death shuffle”, su primer single, fue premiado por la New musical Express como el single de la semana.
Y digo yo, que a partir de esto, el sello One little indian se envalentonó esperando que su primer disco siguiera el mismo camino.
Pero sucedió lo que suele suceder y es que los críticos no son justamente los que compran discos, sino los que forman parte de la categoría de los que se los regalan. O sea que su primer disco llamado “love is hell”, fue un fracaso de ventas.
No me alargaré hablando de sus otros discos porque esto supuestamente es acerca del primero.
Lo que si debo decir antes de entrar en esa “objetividad periodística” del análisis del “disco en sí” es que después de varios intentos terminan tocando con el seudónimo de “toilets of destruction” y con eso tal vez den un muy buen argumento para reírse de los que siguen intentando calificarlos como mamones, ya que ese tipo de ironía con uno mismo, no suele ser el deporte preferido de los que siguen mamando.
Tal vez este disco esté dedicado a todos aquellos que creen que sinónimo de éxito es salir en Mtv o que ser rebelde es tocar más fuerte.
Me rompo la cabeza dudando cada vez más de mi inglés para no equivocarme en lo que creo que son letras gigantescas y decido que escribir de “love is hell” es un infierno. Tengo la excusa barata por lo menos de que nunca estuve en un colegio bilingüe.
Comienza el disco de a poco con “in a cave” y ya se puede escuchar que P. Fitzgerald parece estar cantando un tema que te lleva a descansar en un ritmo simple y monótono pero ya empieza a intuirse, que aunque estuviera con los huasos quincheros de apoyo, puede llegar a darte escalofríos al estirar las frases más inocentes haciéndolas sonar siempre como algo impredecible.
Hay que escuchar como un grupo considerado pop despeina las guitarras sin tener que prenderlas fuego.
Time to groan, la segunda canción, no sólo habla de ir lento sino que todo lo que hace lo hace lento. Y esa lentitud, jamás es la de tu cabeza porque mientras sigues el ritmo, la letra o ya te llevó a otro lugar o mientras tratas de entender la primera estrofa, ya estás en la tercera.
Si tu pata va para un lado tu cerebro va para el otro. Y asi empieza esta tremenda canción:
Hey it always cuts her down when he talks about freedom.
“Free from what my work is done my social conscience forgiven.”
These are fast times speed is thrill times, he won’t stop to understand.
She’s taken years to get this for crying hurry all along.
What could she want from all these abrupt men?
What can she gain from all of those fast friends?
What can she take on?
Simply slow life.
La que sigue es “Shiver” y aunque nos contentemos con que podemos hacer que la patita de la anterior siga el mismo ritmo, nada te salvará del calambre del desgarro o del esguince cuando el estribillo dice por primera vez “shiver”. Y si te salvas entonces ándate al club de los de Benedetti cuando decía:
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
Y si prefieres seguir leyendo los consejos de Mario porque después de escuchar “prize” el disco ya te ha aburrido, entonces tal vez es porque lo tuyo es Benedetti.
Y prize dice asi:
Well we were talking and we were drinking
Letting the fat flow go
And we were asking and we were thinking
In the belly of a bar.
It was easy almost indifferent
Until my heckles rise.
What’s that you’re asking if I remember?
The pub walls are dissolving.
The guilt was thin then, his hair long.
Brown to match his eyes.
It’s none of your business what his name was
Would I even get a prize?
There’s been a hundred and that’s not boasting
Just the ways of this world.
How dare he even ask this?
These pub walls are drowning.
Your glass is empty just like your heard.
It’s these times I don’t know you.
And how about you can you remember?
You shake your head and say “Drunk.”
It’s a small thing why am I angry?
These words are signs of warning
Because behind them there’s the implication…
The pub is burning down.
So do I get a prize for remembering that first time,
Do I get a prize for remembering his name?
De nuevo es hermoso escuchar lo que hacen con el tiempo y como las guitarras aparecen para decir siempre algo más de lo que ya Patrick no puede decir.
Primero las paredes del pub se disuelven, luego se ahogan y terminan incendiándose.
Y Patrick termina preguntándose si uno pagará el precio por recordar el nombre de ella y ante algo así queremos que el mundo sufra de amnesia selectiva sólo para haberlo acompañado.
Lo que me recuerda esa canción de Lloyd Cole “are you ready to be heartbroken?” y me hace pensar en que a veces ese precio no se trata de los millones que tengas sino de que el único banco que te aceptará los cheques es ese que se llama Fausto.
Y el disco sigue sin comprar ni regalar nada con “the 3rd time we opened the capsule” y acá ya aparecen las guitarras sin tanta lentitud y aprovecho para usar la tecnología de la interconectividad para que alguien me diga si esas guitarras no aparecieron 4, 6 u 8 años después, como la última chupada del mate sonoro.
Y sigo aprovechándome, sólo porque tengo pituto y me publican, para deslizar que tantos años de sexo, drogas y rock´roll nos lavaron el cerebro creyendo que eso es rebeldía, cuando nos encontramos con frases como las siguientes:
Go good and gentle men
I’m falling asleep again.
Take my sins and take my tablets
Have these notions culled from oceans (of experience).
Take my words and take my language
Have these notions culled from oceans.
Her last day in bed, de nuevo nos trae a esa calma sospechosa pero esta vez con violines.
Pero esas cuerdas que suenan parecen sacadas de música clásica de posguerra.
Si Fitzgerald hubiera sido vendedor de nichos en el cementerio nos habría convencido de matarnos para aprovechar más la inversión. Creo que si se trata de rock o pop los únicos violines que he aguantado tal vez sean algunos en the raincoats, pero acá calzan tan bien desafinando que tal vez cambie de opinión de ahora en adelante.
The look of death is in her eyes
Sunken dry glazed and calm
Unable to smile or frown.
De nuevo ese unable no sólo se dice sino que se escucha en como la canción se va desplegando. No llega a ser risa ni mirada ni guiño porque es como un puzzle de 5 millones de piezas con un millón que se han perdido en la mudanza.
Y Llegamos a courage mother y sólo puedo decir que esa guitarrita hermosa que sale nunca supo cuál era la letra que la acompañaba. Es como si las rubias taradas nunca supieran que ese tema no fue hecho para que lo bailaran. Está todo dicho en una frase que los snobs seudo asumidos nombrarían como epifanía:
Is there life after wife?
Quise decir algo más de esta canción y acabo de guillotinar una página entera de ella porque es mi talón de Aquiles asi que esta crítica llegará hasta acá sin ni haber empezado.
Iba a citar a Tarkovski,o kobayashi para darle un aire menos de sentido común a todo esto pero nada se me hace más presente con este disco, que cuando Freud dice que lo ominoso es eso que habiendo sido familiar se vuelve extraño.
Un ejemplo es cuando algo a lo que le teníamos confianza empieza a tener rasgos extraños. Eso que creíamos conocido empieza a no serlo y eso para mí por lo menos es peor que el terror.
Esa sensación es tal vez la que más siento escuchando este disco. Es como si te dieran todo para que te sintieras tranquilo pero estiraran el silencio volviéndolo complejo. No es lentitud ni es estridencia. No es nada que nos deje tranquilos. No es pop ni rock. No es hetero de acuerdo a varios biógrafos. No es blanco ni negro. Es casi un gris. Es el horno de barro de la distinción.
¿Alguien tiene ganas de discutirlo? Antes escuchen courage mother, shiver y prize y si me equivoco pueden meter mi cabeza en el horno, porque en todo caso, hace rato que ya está ahí.
Por Pablo Rosenzvaig