jarvis2.jpg

7:30 de la tarde. Llego al Teatro Caupolicán y me pongo en la fila entre un ejército de pokemones y emos, todos sacándose las fotos para sus respectivos fotologs. Les pido a los que se instalan detrás mío que me cuiden el puesto para ir a comprarme una cerveza en el local del frente. Vuelvo con mi cerveza helada, miro el reloj, y me armo de paciencia.
8:30 de la tarde. Se abren las puertas del teatro. Me cortan la entrada por la mitad sin respetar para nada los prepicados (ya no servirá de recuerdo), y corro a la cancha. Quedo en segunda fila después de los pegados a la reja. Valió la pena la llegada tempranera. Miro el reloj, y nuevamente a armarse de paciencia. Queda más de lo que ya he esperado. Los pokemones siguen sacándose fotos.
10:00 de la noche. Tengo las piernas cansadas. Pero falta media hora para que entre Jarvis. Ahí se me va a olvidar el cansancio.
10:35 de la noche. Aún no entra, y tampoco tiene pinta de que lo va a hacer luego, porque en el escenario aún siguen instalando equipos. Ya, la última armada de paciencia del día.
11:00 de la noche. Aún no pasa nada. Los chiflidos se sienten hace rato. Me fijo en que recién están pegando el tracklist en el suelo, que traen toallas, botellas de agua y cerveza; y que seguramente es un problema con un foco el que está atrasando el asunto, porque muchos de los que están en el escenario miran a uno de éstos con cara de compungidos. El cansancio de las piernas y el calor me molestan mucho. Ya no puedo armarme de paciencia.
11:20 de la noche. Entran los músicos. Reconozco los acordes de “Fat Children”. Nervios. Gritos. Entra Jarvis. Me quedo pasmada mirándolo. No puedo creer lo cerca que tengo al vocalista y cerebro de mi grupo favorito desde los 15 años. Y, permítanme decirlo, a mi primer amorplatónicoinalcanzable que me producía bastante más que admiración por su música. Ese hombre flaco, alto y con cara de nerd pegado en la pared de mi pieza adolescente, y que mi mamá intentó sacar un par de veces (tarea de la cual desistió ante mi reacción); a un par de metros. Como se darán cuenta, este es el relato de una fan de hace 10 años. No me pidan objetividad.

jarvis1.jpg
Jarvis. como siempre, elegante. Terno gris con corte de abuelo, zapatos cafés, camisa y corbata negra de lana y de punta recta. Y sus clásicos movimientos, caras, gestos, y saltos que lo caracterizan desde el disco It, por allá por el 83 cuando Jarvis era recién un veinteañero. Saca una bandera de Chile, la desdobla, la muestra y la deja en el piso. Pide disculpas por no saber nuestro idioma, pero adelanta que ha aprendido algunas palabras. “You all know this song”… y comienza el primer single de su disco solista “Don’t let him waste your time”.
El resto del concierto fue un recorrido casi completo por su album. Pero también presentó temas inéditos. Introduce las canciones con historias, siempre con algún toque de humor: “Today is Saturday night. And I suposse you’ll go to a party… Saturday night is made to things to happen. You go to this party. A boy wants to flirt with a girl, or a girl with a girl, or a boy with a boy, it doesn´t matter. So, you have a drink to get the courage, but it isn´t enough. You take two. Then three, then four… and then nothing can work cause you can’t walk. That’s the kind of things that happens tonight..”
Y comienza “Tonite”.
“I have a son. And sometimes I see “monitos” with him. That’s how you say cartoons right? “monitos”. And I noticed that some kinds of “monitos” that make kids laugh are really pessimistic…”
Es la introducción para “Disney Time”. Luego, habla de una canción que nació producto de una de aquellas iniciativas mundiales donde, supuestamente bajo el objetivo de conseguir dinero para aquellos que tienen hambre (sin nombrarlo, se entiende perfectamente que es el Live 8), los grupos y cantantes buscan mostrar lo buenos y humanitarios que son. Cada vez q escucho esta canción pienso en Bono. Y comienza “Cunts are still runnig the World”, canción que lanzó en su My Space y que no se editó en su disco.
Sale del escenario, y vuelve con una cerveza y un cigarro que le regala a alguien del público. Y el broche de oro: “This is a song I suppose you all know… Didn´t know what time it was, the lights were low-ow-ow…”. “Starman” de David Bowie.
Al final, a nadie le importó que no cantara Pulp. Bueno, quizás sí, en la fila en la tarde escuchaba muchos comentarios del tipo “No puede ser que no cante ninguna canción de Pulp”. Y en el recital el público un par de veces coreó el nombre de su mítico ex grupo. Pero si uno se informaba un poco antes, sabía que él se había referido específicamente al tema, diciendo que no cantaría ninguna canción de Pulp. Y que, un par de días antes en Buenos Aires, efectivamente no lo había hecho.
Por eso me llamó la atención que en la entrada saliera escrito Pulp, en letras más grandes que Jarvis Cocker. Pero bueno, no extraña viniendo de una productora que instalaba equipos y probaba focos media hora antes del concierto.
De cualquier manera, al final, se recuerdan como un detalle si el músico hace que valga la pena la espera. Y Jarvis sí que supo hacerlo.