Aunque ya han pasado varias semanas, me parece necesario recordar y ahondar sobre uno de los acontecimientos musicales más interesantes del año en Santiago. Me refiero al recital de Animal Collective en Industria Cultural el jueves 6 de noviembre.

Hay artistas que tienen la capacidad de asombrar, aún cuando ya se espere que lo hagan. No alcanzó el repaso de algunos pasajes de su material discográfico, ni la certeza de que Animal Collective iba a dar un show que no se iba a parecer a nada de lo que se haya escuchado en vivo. Nada alcanzó para descifrar y anticipar la intensidad que se vivió esa noche.

Avey Tare, Panda Bear y Geologist se ubicaron en sus puestos sobre el escenario, predispuestos únicamente a hacer música. Sin la necesidad de aprender frases en un gracioso español o vestirse a lo MGMT, ellos se concentraron, casi obsesivamente, en tocar, en obtener el sonido para crear una compleja atmósfera que no pasó desapercibida para nadie.

Repasar el tracklist no resulta determinante, en este caso, para describir el show, porque pocas veces se ha presenciado un concierto tan conceptual, donde todas sus partes, más allá de su propia identidad, formaban un todo. Cada canción, sea cual sea, hizo que el trío convenciera a los presentes de su propuesta artística.

En el escenario se reflejó una banda que genera credibilidad y eso no pasa muy seguido. Más allá de gustos personales, Animal Collective demostró que su propuesta tiene cosas que decir y que su música es tan singular que no puede ser de nadie más.

Lo de la credibilidad puede asociarse al riesgo artístico que toma la banda. Lejos de encarar el camino fácil y continuar una moda o ser parte de una escena con decenas de bandas haciendo lo mismo, este colectivo animal crea un universo diferente sin una notoria asociación a distintas influencias y con un sello muy particular.

¿Hay algo menos marcketinero que hacer música con sonidos que trasladan a un safari? No creo. Y aunque si existiera, la propuesta de estos chicos originarios de Baltimore está muy lejos de continuar con estándares establecidos que aseguren un éxito comercial.

Algunos saltaron y bailaron sin parar, otros movían sus cabezas con una sonrisa en sus rostros y todos fuimos parte de una gran experiencia musical que produjo placer, reconocimiento y admiración.

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