Desde que escuchamos “Cocaine Blues”, lanzada hace cinco años, nos enamoramos de Escort. Los neoyorquinos, como varias bandas y productores de su ciudad, se niegan a olvidar el glorioso pasado que tuvo ahí la música disco. Y, como demostraron tan bien en esa canción, eran capacidades de emularla en formato banda, por engorroso o costoso que fuera.

Y quizás fue mucho. Cuatro años después, tienen un segundo disco en camino. Y a juzgar por “Animal Nature”, el primer adelanto, los instrumentos serán reemplazados por las máquinas. Por fortuna el groove no lo han perdido ni un solo poco.