En la semana de lanzamiento de Album Name, el nuevo disco de la banda chilena Special Cases, conversamos con Juan Pablo “Guambo” Rodríguez (guitarrista y vocalista, además de ex Föllakzoid) y así conocer un poco más de la historia de esta banda chilena, en la que también participan integrantes de proyectos como Chicos de Nazca y Los Knocks Knocks. El trabajo, concebido en los estudios de BYM, viene a presentarnos este sonido de espíritu disruptivo y reverberante, al igual que el de su antecesor, Better Days (2018).

“Escasos acordes e intentando crear una masa sonora que tiene mucho que ver con el rock & roll más crudo”, es como define Guambo el sonido de este disco, donde la repetición de secuencias y las largas noches de “jams”, son los puntos que van marcando el desarrollo de Album Name. Con esto, dejan más que claro que un par de acordes basta y sobra para construir este sonido en bloque que nos invita a descubrir frecuencias musicales completamente nuevas dentro de la escena local.

NNM.CL: Creemos que hoy en día es bueno hablar del origen. Con mayor razón, en tiempos donde quizás muchos chilenos han olvidado la importancia de esta palabra, de dónde venimos y quiénes somos. Guambo, cuéntanos un poco sobre cómo se originó Special Cases y quienes lo conforman actualmente.

Wambo: La formación parte como una investigación sonora personal en el período en que estaba grabando con Föllakzoid el disco II, en BYM Records. Ahí yo tenía mi taller y me armé en ese tiempo con un teclado vintage (un Roland JD800, que ocupaba Charly García a fines de los ’80) y un sampler, el SP-404 que venía con unos sonidos orgánicos de batería. Mi idea era hacer un laboratorio sonoro creativo para desarrollar música paralela a las grabaciones que estábamos haciendo con Föllakzoid en ese entonces, pero siguiendo la misma línea de música cósmica, o “kosmische music” en alemán. En ese sentido, ambos discos -el primero de Special y el de Föllakzoid- comparten una dirección, aunque también un sonido en última instancia: esto es el sample que se escucha en Pulsar, del disco II, que también puede escucharse en el primer disco de Special Cases.

Lo que partió como algo ocasional luego se repitió años después en los mismos cuarteles de BYM, pero en otra pieza, Flexy Studios, donde tenía su base Cucho Avendaño y con quien ya había tenido la experiencia de tocar en Chicos de Nazca desde los inicios. Ahí nos pusimos a jamear, yo con guitarra esta vez, y usando el nombre que ya había ocupado antes para empezar un nuevo proceso creativo. Con los jams transformándose en canciones, para el último disco sumamos al pintor Diego Hernández en el bajo, quien también hace música con el nombre de Los Knock Knocks, y que escuchando lo que hacíamos con Cucho un día nos dijo que a las canciones les faltaba un bajista y que teníamos que buscar uno. Al final le terminamos cobrando la palabra involucrándolo a él. Completa la formación Diego Fast de La Rabla, quien nos acompaña con percusiones y termina de unir todos los elementos.

Special Cases siempre ha funcionado con un esquema de banda mucho más permeable que el resto. De hecho, en Better Days contaron con integrantes de otras bandas, como Chicos de Nazca, The Holydrug Couple y Tsunamis entre otras. En el caso de Album Name, ¿cómo funcionó esta permeabilidad durante el proceso de creación?

Better Days es un disco que se pensó para ser tocado en vivo, pero que sólo tuvo tres o cuatro presentaciones en total. Ese fue el cambio de dirección que enfrentamos, versus el primer disco en que era solo yo. La idea era hacer música más orgánica y que dialogara, en contraste con los monólogos de formaciones más minimal. Tratamos de ocupar elementos acotados, tratar de decir mucho con poco, con bases sencillas, escasos acordes e intentando una masa sonora que tiene mucho que ver con el rock & roll más crudo, o mantras acelerados y muros de sonido, que también comparte mucho del shoegaze inglés.

Partimos con Cucho tocando como dúo, pero era necesario un bajista para darle la capa gruesa necesaria para el “muro” en vivo, y sin forzarlo naturalmente se incorporaron amigos que llegaban a echar la talla a los ensayos y que además tocan en otras bandas: el Ives, de la Holy; Tan Vargas, que está en Tsunamis, pero que también estuvo en Chicos de Nazca, haciendo guitarras  y posteriormente sintetizadores en vivo; también Fast y Zach, que venían de La Rabla, con sonidos más ácidos setenteros en el último disco. Se puede decir que hay un código común que se comparte que no es necesariamente musical, quizás estético, de cómo enfrentar las canciones.

Si desglosamos un poco tu carrera musical, podemos encontrar bastante de esa permeabilidad musical de la que hablábamos anteriormente. De hecho, comenzaste por el trance más oscuro de Föllakzoid, luego pasaste por el rock psicodélico de Chicos de Nazca y ahora encontraste con Special Cases este sonido mucho más crudo y post-punk. Pero, de igual forma, creo que todas las bandas recién nombradas tienen un común denominador: la importancia que tienen las sesiones de jams dentro del proceso creativo de cada canción. ¿Cómo fue en el caso de este disco? ¿Y cómo fueron aterrizando estas mismas sesiones dentro de los nueve tracks que conforman Album Name?

Föllakzoid tuvo una linda etapa, porque no había una barrera de entrada o prejuicio musical marcado. Todos ponían en partes iguales el input musical que traían y había una espacio de creación en que nada ni nadie era más importante que el otro; todos los elementos tenían igual importancia en la obra final. Y fue quizás justamente esa libertad la que trajo consigo canciones distintas y más originales a lo que se estaba haciendo en ese momento en Santiago. Otro buen factor ahí era la búsqueda y el ensayo-error que nos hacía sorprendernos a nosotros mismos. El factor del azar y lo incontrolable. En ese estilo más comunitario de hacer las cosas aprendimos a tocar y a crecer como músicos, y a la par que nosotros crecíamos, crecía Föllakzoid.

Luego, el proceso creativo se estancó en la fórmula, casi en una doctrina de hacer las cosas, una dirección con un control excesivo que dejó fuera ese aspecto más sorpresivo o de “jam”. De pasar a tener varios inputs creativos en la conversación, sólo se escuchó al que gritaba más fuerte. Afortunadamente, en BYM -que fue donde se desarrolló todo esto- había más música ocurriendo, y casi como vía de escape creativa comencé a tocar en Chicos de Nazca, para el disco Fireride. Al día de hoy casi llevo el mismo tiempo en ambas bandas, y de alguna manera eso deja una herencia en Special Cases: el lado más psicodélico luminoso en las melodías de una banda y el dron repetitivo de la otra. Quizás la diferencia es quela capa vocal, que sugiere una narrativa distinta en las canciones, vuelve a tener importancia. En general no hay muchas ideas preconcebidas y lo único que se hace es prender la mecha de la canción con algún acorde inicial y que dure lo que tenga que durar. Cuando una idea es buena, se repite hasta el cansancio. Y, cuando ya no quieres tocar más la canción, es el momento de grabarla.

Todo disco tiene alguna historia o anécdota por detrás, pero Album Name tiene mucho más que eso. El disco lo grabaron en diciembre del año pasado, en los estudios de BYM, mientras vivíamos uno de los más grandes e históricos estallidos sociales que han sucedido en nuestro país. Por otro lado, el álbum fue producido entre marzo y julio de este año, época que ha sido marcada por una de las pandemias más devastadoras a nivel mundial. Tomando en cuenta ambos acontecimientos, ¿cómo crees que afectaron dentro de la creación de este disco?

Varias de las canciones que están en Album Name fueron apareciendo en jams durante giras y otro tanto ya venían con la idea original en juntas de amigos, tocando con guitarra de palo. El resto fue saliendo en ensayos en lugares diversos: en el taller de Tan, en Estudio Caffarena, y luego en Transilvania, en el taller de Diego Hernández, en formato jam, tocando unos acordes simples y continuando la idea. Durante el 2019 se ensayaron bastante, antes y después del estallido, y sin duda al momento de grabar parte de esa energía se traspasó al disco. Fue un fin de año bien convulsionado y además celebramos los 10 años de BYM, en Teatro Italia, con Sonic Boom como invitado. Ahí tocamos con Nazca y le pedí a KB, mientras estaba en Santiago, que grabara unas guitarras para “It’s so Easy” y “Hey”.

La idea siempre fue producirlo lo menos posible, para que cuando lo tocáramos en vivo el sonido fuera lo más fiel al disco mismo, sin cambios sustanciales. Queríamos partir la mezcla y las grabaciones en marzo, pero llegó el virus y el confinamiento. Algunas letras no estaban listas, lo que me dio más tiempo de trabajarlas. Eso fue positivo. Por otro lado, tuvimos que trabajar con Nes con permisos y sesiones acotadas para ir completando el disco, con la grabaciones de las voces y algunos arreglos de Tan. Ahí también si vio reflejada la energía de la reclusión. La mezcla es un proceso para mí muy importante, porque le da tu sello a cómo quieres que quede el disco para la posteridad. Nos tomamos nuestro tiempo y el espacio entre mezcla y mezcla nos ayudó a darle la dirección que queríamos. Esperamos que pase el tiempo y volvamos a escucharlo con gusto más adelante, en un año que no se olvidará.

Como complemento al cierre, Album Name tiene muchas formas de verse, pero por sobre todo de escucharse. Pero lo más importante es que esta es la propuesta de una banda completa, donde las experiencias personales y/o musicales de cada uno de sus integrantes los han llevado a crear un sonido nuevo y versátil, y que logra ser plasmado dentro de cada canción.

Para escuchar el disco y también comprarlo, puedes hacerlo acá abajo a través de Bandcamp. Además, desde el viernes 21 de agosto podrás encontrarlo a través de Weisskalt Records, sello por el cual Guambo lanzará en los próximos días el resultado de su trabajo creado en cuarentena.