Muchas cosas se me pasaron por la cabeza sobre Andrew Weatherall antes de que iba a tener que estar escribiendo una despedida hoy, a días de haber muerto repentinamente a los 56 años. Una de ellas: que lo tenía que ver de nuevo, después de que la primera vino recién el año pasado, cerrando con destreza el escenario electrónico del festival All Points East, después de Peggy Gou y antes de que los Chemical Brothers hicieran lo mismo en el escenario principal.

El camino del británico podría haber sido el mismo que el del dúo súper estrella de Manchester, excepto que nunca lo quiso así. Tampoco se propuso ser DJ. De hecho, entre los oficios que hacía en su ciudad natal, Windsor, estaban la construcción y los muebles. Junto con escuchar mucha música, y de todo tipo. Rockabilly, R&B, funk, disco, northern soul, punk y un eterno etcétera. Finalmente esto lo llevó a ser invitado a mostrar su colección, con rotundos fracasos al principio. Su primer set, incluso, terminó con el dueño del club echándolo a los gritos en la mitad de la primera canción.

Pero pronto llegó el momento que cambiaría a toda una generación inglesa. El Second Summer of Love importó a Inglaterra el sonido balear y el MDMA directamente desde Ibiza, y junto a Terry Farley, otro DJ con quien compartían el fanzine Boy’s Own, son considerados por muchos como pieza musical clave de éste, luego de ser invitados por Paul Oakeanfold a ser parte estable del club Shoom, en Londres.

Después de producir sus primeras canciones y remixes, en su proyecto Bocca Juniors o balearizando aún más a los Happy Mondays, vino la oferta que lo inscribiría para siempre en la historia: remezclar una canción de Primal Scream. El resultado, “Loaded”, sería el inicio de un camino juntos hasta quizás el testamento que mejor resume la época: Screamadelica.

A partir de ahí, esa visión única para extraer sus partes favoritas, fusionar ritmos y estéticas, y así llevar la música original a lugares insospechados, le trajo un cerro de ofertas para hacer remixes, acumulando el grueso de su trabajo. Y cada vez que estuvo a punto de alcanzar el estrellato masivo, ya sea solo o con su muy buen proyecto The Sabre of Paradise, se disolvía y volvía a empezar.

Porque una constante en el viaje musical de Andrew Weatherall fue nunca parar a mirar lo que había hecho. Incluso, en una entrevista a fines de la década pasada, confesó que rara vez escuchaba su propio catálogo, y que varias veces se sorprendía cuando lo escuchaba en sets de otros, o se le aparecían canciones suyas en tiendas de discos. Muchas ni siquiera las reconocía hasta minutos después.

Eso fue algo que me llamó la atención bailándolo el año pasado. Un set corto, para cerrar un festival, no tuvo nunca un guiño al pasado ni a viejas glorias. Era sólo música fresca, actual, que él mismo buscaba en tiendas, en mails de promo o en su estudio. Nada de tener grupos de tastemakers eligiendo por él. Nada de “downloaded for Richie Hawtin” en los feedbacks de sellos. Nada de pedir discos gratis por trayectoria.

De hecho, cuentan en lugares en los que era habitual verlo, como en Phonica, que siempre rechazaba las muchas ofertas que le llegaban de productores y sellos por copias gratis. “Si lo encuentro y me gusta, lo compro”, comentaba en el mostrador. Un lujo siempre, pero sobre todo en esta era del disjockeo.

En otra entrevista, por ejemplo, decía que cambiaba constantemente lo que tocaba, y que lo ajustaba según dónde tocaba, a qué hora y por cuánto rato. Suena obvio y algo básico si te pagan por eso, pero en ese mismo viaje me tocó repetirme a algunos DJs súper estrellas del momento, que seguramente cobran con un cero más que él, repetir la mayoría de sus sets sin ningún problema.

Esa actitud le otorgaba un peculiar aire de cercanía, pese a su estatus incuestionable de leyenda. Para mí era común leer a amigos DJs o dueños de sellos posteando videos en redes sociales de Weatherall tocando tracks suyos en fiestas o festivales. Incluso yo mismo reconocí en ese set del año pasado al menos un par con los que tenía un grado de separación.

Y ese era otro pensamiento, mucho más íntimo y soñador, que me cruzó la cabeza alguna vez cuando pensé en su trabajo y cómo me marcó lo que hizo en su carrera: si está tan vigente y toca tanto, ¿por qué no va a pasar que alguna vez toque algún track mío?

Pero bueno, ya no va a poder ser. Tampoco podré bailarle esos sets eclécticos de varias horas en los que podía tocar de todo en un relato coherente, cualidad común en los DJs que considero héroes. Al menos ese estándar y el ejemplo quedarán ahí para siempre.

EN CANCIONES

La siguiente lista no busca ser la definitiva ni la que ordene sus mejores trabajos. Pero si muestra épocas, momentos, proyectos y colaboraciones por los que se movió en estos más de 30 años.

Primal Scream – Loaded (1990)

Bocca Juniors – Raise (1990)

Happy Mondays – Hallelujah (Andrew Weatherall & Paul Oakenfold Club Mix) (1989)

My Bloody Valentine – Soon (Andrew Weatherall Mix) (1990)

Saint Etienne – Only Love Can Break Your Heart (A Mix of Two Halves) (1990)

New Order – World in Motion (No Alla Violenza Mix) (1990)

The Sabres of Paradise – Smokebelch I (1993)

Two Lone Swordsmen – Glide by Shooting (1996)

The Dust Brothers – Song to the Siren (The Sabre of Paradise Full Mix) (1993)

Ricardo Villalobos – Dexter (Two Lone Swordsmen Remix) (2004)

Andrew Weatherall – Feathers (2006)

The Future Sound of London – Papua New Guinea (Andrew Weatherall Mix) (1992)

Fuck Buttons – Olympians (2009)

Daniel Avery – Movement (Andrew Weatherall Remix) (2012)

The Asphodells – A Love from Outer Space (2013)

BONUS:

Como una muestra de su carrera quedaría incompleta sin su habilidad para disjockear (“el mejor de la historia”, según Erol Alkan), acá una selección de tres de distintas épocas y géneros que demuestran tanto su vasto conocimiento como su destreza técnica.

BBC Essential Mix (1996)

Crack Mix: 097 (2015)

Dekmantel Festival (2019)